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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2004.
16/04/2004
El chino Ramírez metió el puerco al corralillo, le echó de comer las cascaras del fongo que su madre había freído con manteca y se dio cuenta que para fin de año el animalito tendría el peso ideal. Estaba de vacaciones en la ebanistería en la que también trabajaba su padrastro, su verdadero padre había huido con una tremenda negra, otra de tantas, a La Habana donde tocaba los juegos.
El chino aprovechaba las vacaciones para no perderse ninguna mañana las tertulias de los fanáticos deportivos. Su especialidad era el atletismo, podía recitar los récords mundiales de 1.500 desde los tiempos de Sebastian Coe, sin contar las modalidades en que los cubanos han destacado: el salto largo, el alto, los cuatrocientos de Juantorena y los 800 de Ana Fidelia.
Dijo adiós a su mamá y le gritó que hoy llegaría algo tarde a almorzar. Le llamaban el chino, aunque su piel era puro chocolate con leche, porque todavía se adivinaban en sus ojos el origen cantonés de su bisabuelo, aquel que vino en el Orozco y trabajó en la lavandería de la calle Heredia. El chino tenía un amigo en el Morro que era guía de la fortaleza que se alzaba a la entraba de la bahía de Santiago, éste a su vez tenía una hermana que a veces le acompañaba y que cuando se abanicaba en la torreta las partes del chino se endurecían. Además preparaba un cocido criollo que hasta los ojos se le enderezaban.
20/04/2004
Alguna vez he manifestado en este Sillón bol que los deportes de motor no formaban parte de mi pasión. Soy incapaz de distinguir un Vectra de un Sierra. Sin embargo he de agradecer a que el domingo saliera triste, gris, lluvioso y frío. Ello hizo que cogiera los suplementos dominicales y en un principio me sumergiera en la lectura y el análisis sobre los zumbado de AlQaida, las nuevas ministras de ZP o la derrota de Los Serrano frente a Aquí no hay quien viva. De acompañamiento tenía puesto el televisor en la Primera, sabedor de que comenzaba el mundial de motos y que era más apetecible escuchar a Valentín Requena y a Angel Nieto que la Santa Misa desde algún convento benidictino y el programa Luar, ese que da la vasca sobre muñeiras gallegas, dyangos y juanpardos.
A la carrera de 125 no le presté mucha atención. Comprobé que era disputada, pero no me sonaban los motoristas, salvo Pablo Nieto y Barberá. Al final, en la última curva, un italiano le birlaba a otro la victoria en un estadio sudafricano que parecía Holanda. No se veía ningún negro.
La prueba de dos y medio la seguí entera. Bien porque me motivaron en los prolegómenos de la retransmisión, o bien porque había leido que Pedrosa había cumplido metiéndose entre los tres primeros en los entrenamientos. El caso es que desde el domingo Dani Pedrosa tiene un ferviente seguidor más. Un chaval de 18 años, el más joven en ganar en 250, con los tobillos todavía doloridos y recordándole sus meses de silla de rueda, y sin pretemporada, es capaz de ganar como un veterano en la última curva a uno de los favoritos. Ni que decir que la última vuelta la seguí de pie gritando aquello de “que huevos tienes muchacho”. Dani puede ser nuestro Indurain de las motos.
Eso, si Valentino Rossi se pasa a los rallys o a la Fórmula 1. The doctor Rossi es un diamante deportivo al que tienes el orgullo de decir “yo le ví correr”. Lo que hizo el domingo en el circuito de Welkome en Sudáfrica es sublime. Su victoria, también en la última curva, engrandece al deportista por encima de las máquinas. Su retiro espiritual junto a los neumáticos al finalizar la prueba nos emocionó al estilo de Sorpresa Sorpresa. La Yamaha que pilotó Rossi no ganaba una carrera desde hacía dos años y un Mundial desde hacía catorce. El año pasado lo máximo que consiguió fue un tercer puesto. La Honda con la que otrora arrasó no le sirvió a Max Biaggi para ganar, ese que había dicho de qué sería capaz Rossi con su Yamaha. Pues nada, la primera en la frente amigo Max. En fin, que estamos esperando como locos el Gran Premio de Jerez, lo que no sé es si comprarme ya la chupa de cuero.
26/04/2004
Ya tenemos al Portland San Antonio campeón de la Recopa europea de balonmano. Son nueve títulos en cinco años para el equipo pamplonés. Casi nada. La verdad es que nos llevamos mucha alegría con este triunfo que arregla un poco el año de tantos sinsabores para el San Antonio. La figura de Fermín Tajadura hará que el 2004 sea recordado por la afición como el año del adiós definitivo del gran dirigente navarro y el de la victoria en tan importante competición.
También durante este fin de semana nos hemos dado cuenta que la Araña Negra no era el mítico portero ruso Yashin sino otro con nombre también cirílico: Vladimir Rivero. El cubano con un 50% de paradas encarriló la victoria antoniana. Su abrazo con su madre María de Jesús nos transportó a la geografía caribeña de guarachas, guajiras, sones, santeras y orishas. Todas estas imágenes se fundieron con el gran capitán Mateo Garralda levantando la Copa con el brazalate de la bandera de Navarra y la txapela del padre de Alberto Martín, parecía Juan Cruz Allí en algún Nafarroa Oinez.
Ya el domingo, bajé con tiempo a la cafetería para disfrutar del clásico del fútbol español. Allí estaban mis apreciados lobos de bar prestos a desgañitarse a favor del Madrid o del Barça. Había hasta un grupo de ingleses deseosos de aplaudir a Beckham, por cierto, con esa rapada tiene un look mix entre un skin londinense y Demi Moore en la Teniente O’Neill.
Por un momento parecía imposible que los blancos no marcasen, salvaron la goleada azulgrana los reflejos del irregular Victor Valdes y la jeta…y los huevos de Puyol. Luego llegó el gol de Solari (un tio que siempre cumple), el plantillazo de Figo y su lógica expulsión, el cabezazo a placer de Kluivert, la sutil vaselina de Ronaldinho y la gracil coz de Xavi. Cuando esto ocurrió el bar casi se cae del griterio. Nunca hubiese pensado que en la vieja Iruña hubiera tanta peña del Barça.
Una última cosa, no quisiera finalizar este Sillón Bol sin destacar la hazaña de Davide Rebellin, un ciclista italiano que en una semana ha vencido en tres prestigiosas clásicas: Amstel Gold Race de Holanda y en las belgas Flecha Valona y Lieja-Bastogne-Lieja. Chapeau ragazzo.
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